Apertura del Taller sobre el odienamoramiento
Durante el curso de este Taller vais a poner al trabajo una serie de temas diversos, que están en los debates actuales, como son la infancia a la que os aproximareis de la de la mano de la literatura, dedicaréis una sesión a la familia, otra al estrago, es decir lo que se juega en lo más íntimo de cada casa; abordaréis también la violencia, desde el par violentos-violentados, que ya es una perspectiva de tomar a las personas en relación a un Otro social, que no es propiamente su familia, abordaréis la cuestión del odio y la segregación, que son fenómenos sociales que están muy al orden del día, y que siempre van a ser oportunas las reflexiones que intenten un esclarecimiento de qué puede explicar estos fenómenos, pues en el ámbito en que cada uno desarrolláis vuestro trabajo tal vez os pueda servir contar con más herramientas para enfrentar estas problemáticas tan graves. También trabajareis puntualizaciones más teóricas, sobre el goce opaco, de la mano de Fabiana Lifchitz, y que efectivamente es un término a dilucidar y a esclarecer y concluiréis con la aportación sobre Las pasiones del ser.
No están por este orden en el programa, iréis combinando unos temas con otros, pero es un temario que recoge la relación del sujeto con el Otro, desde los lazos más íntimos a fenómenos sociales, es decir lo que subyace en el vínculo del ser hablante con sus semejantes.
El prisma que habéis elegido para abordar estas cuestiones es el término odioamoramiento, también traducido por odioenamoramiento, quees una palabra inventada por Jacques Lacan, un neologismo, para dar cuenta del entrecruzamiento de lo que considera pasiones del ser: el amor y el odio, afectos que se originan en la más temprana infancia – por esto me parece muy acertado empezar abordando la cuestión de la infancia – es decir, son afectos cuyo origen y desarrollo parten de caminos diferentes hasta entrelazarse y producir sus efectos en la vida de los seres hablantes.
En la introducción partíais de la pregunta si son dos caras de la misma moneda, diría más bien, que es un par que si bien se presentan profundamente ligados, son procesos que se originan de un modo diferente, son afectos que se activan, desde el inicio de los primeros vínculos del infans con el mundo exterior, utilizo la palabra “infans” porque etimológicamente significa sin voz, para situar este momento en el que aún no se tienen las palabras o el dominio de las palabras, pero ya comienza su intercambio, su conexión con el mundo que le rodea. Entonces, vamos a ver ahora cómo son modalidades de afectos diferentes de relación del sujeto con el mundo, es decir con los objetos que lo rodean.
Cuando Jacques Lacan inventa este término en el seminario XX, “Aún”, el curso 1972 – 1973, ya está muy avanzada su enseñanza, lo inventa para superar, para sobrepasar el término de “ambivalencia” del amor y odio, utilizado por Freud, que a su vez lo había tomado de Bleuler, por eso, Lacan dice que la ambivalencia es un término bastardo, digamos que no es hijo legítimo de Freud, como concepto.
Vemos aparecer el amor y el odio relacionados en la obra freudiana en el texto Pulsiones y destino de pulsión, en el que Freud distingue tres polaridades, tres polos opuestos, en el inicio de la vida anímica:
.- El sujeto (el yo) – objeto (mundo exterior)
.- Placer – displacer
.- Activo – pasivo
Desde esta triada Freud organiza la vida anímica, el inicio de la subjetividad; entonces partimos del momento en el que el yo ha quedado constituido en la fase del narcisismo, es decir, cuando experimenta la vivencia de una unidad psíquica; lo que más tarde Lacan elabora en el estadio del espejo, es el momento en el que se fija la imagen de uno mismo, momento en el que el pequeño infans se ve en el espejo y se reconoce, a partir de ese momento va a distinguir lo que es el yo – su cuerpo queda cubierto por el velo narcisista – y lo que no es el yo, que son los objetos del mundo.
Es un momento que lo que es placentero, lo que le produce placer, el yo del sujeto lo asimila como propio, es decir lo incorpora a su yo; por ejemplo, la sensación de satisfacción después de haber sido alimentado – cuando quedan ahítos – y siente displacer o indiferencia hacia el resto del mundo exterior, por ejemplo, la sensación de frío o de ruidos fuertes que pueden perturbarlo.
El mundo exterior se descompone en una parte de placer que el yo se ha incorporado y en un resto que le es ajeno.
Si el objeto – la comida, por ejemplo – se revela como una fuente de placer, entonces es amado, entonces amar, definiría el vínculo del placer del yo con el objeto, lo que se fijará en un momento posterior de una forma definitiva en los objetos sexuales y en aquellos que satisfacen las necesidades de las pulsiones sexuales sublimadas.
Os recuerdo que en este mismo texto Freud distingue entre las pulsiones sexuales, que se dirigen al mundo exterior y pulsiones del yo, destinadas a la conservación del yo.
Freud nos dirá que: “Los genuinos modelos de odio no provienen de la vida sexual, sino de la lucha del yo por conservarse y afirmarse.” P.132
Entonces, amor y odio no han surgido de la escisión de algo común originario, tienen orígenes diversos – el amor, del lado de las pulsiones sexuales, el odio del lado de las pulsiones del yo – y cada uno ha recorrido su propio desarrollo antes de que se constituyeran como opuestos bajo la influencia del placer – displacer.
¿Qué podemos decir del amor? Del que se han escrito ríos de tinta.
Voy a circunscribirme a lo que dice Freud en este texto.
El amor es originariamente narcisista, nuestro primer amor es nuestra imagen en el espejo, después pasa a los objetos que se incorporaron al yo ampliado. Lo podríamos definir como el motor interno del yo por alcanzar esos objetos en cuanto fuentes de placer; y aquí Freud ya matiza que en las etapas previas al amar se presentan, lo que llama “metas sexuales provisionales”: en las que incorporar o devorar, es una modalidad del amor compatible con la supresión de la existencia del objeto como algo separado.
Precisa que en la etapa sádico – anal: para el apoderamiento del objeto, al sujeto le es indiferente el daño o la aniquilación de dicho objeto.
En esta etapa el amor es a penas indiferenciable del odio.
Solo con la organización genital el amor deviene opuesto al odio.
Vemos pues como en la constitución del yo: amor, odio e indiferencia se organizan en su relación con el placer y el displacer.
¿Qué podemos decir del odio? Bastante menos, muchísimo menos que del amor, sabemos bastante menos del odio. Seguimos también lo que dice Freud en este texto.
Define el odio como una relación con el objeto más antiguo que el amor, porque brota de la repulsa primordial que el yo narcisista opone al mundo exterior que le prodiga estímulos, por ejemplo, la sensación de frío.
La idea de Freud es que este odio mezclado con el amor proviene de las etapas previas del amor no superadas.
Es el residuo de estas etapas primarias, en las que predomina la vida pulsional a las que la adquisición del lenguaje irá domeñando, sublimando; por eso finalmente Freud asimila, el amor a las pulsiones sexuales y el odio a las pulsiones del yo.
Entonces podemos deducir, el amor del lado de la vida, el odio del lado de la pulsión de muerte.
Hay una tercera pasión del ser que viene hacer de contrapunto a este par: La ignorancia.
Si el psicoanálisis se interesa por esta triada es porque son pasiones que están en relación a lo que se pone en juego en la experiencia analítica a través de la transferencia que es a la vez el motor y el obstáculo para la cura analítica.
Es la frase que Fabiana ha entresacado del seminario, XX, Aún para introducir este Taller: “Odiamoramiento es el relieve que el psicoanálisis supo introducir para situar la zona de su experiencia”, sin duda el amor y el odio se ponen en juego en la experiencia analítica, con la transferencia, que Freud la define como “amor al saber”, querer saber sobre sus síntomas es lo que puso a las histéricas a hablar, también la transferencia hace surgir el odio, cuando aparece la transferencia negativa, que aparece, en formas más o menos veladas: a veces con las críticas: no avanzamos, no me dice nada … Y también la dimensión de la ignorancia está presente desde el inicio, un ejemplo muy claro es cuando se presentan las personas, diciendo: no sé por qué me pasa esto, y más hoy en día, con los llamados “ataques de ansiedad” o “ataques de pánico”, que realmente desconcierta a las personas que los sufren, muy frecuentes en los últimos años, otras vienen con síntomas, que también son enigmáticos para quien los padece.
Lacan se ocupa ya desde el inicio de su enseñanza de estar tres pasiones del ser, que acabará llamándolas pasiones del alma, se ocupa ya en el seminario 1, dedicado a “Los escritos técnicos de Freud, al final de este curso, en el capítulo XXI, y las va a poner en relación a los tres registros que constituyen la realidad subjetiva: Imaginario, Simbólico y Real.
Son las tres dimensiones que constituyen, para Lacan, la subjetividad,
Lo imaginario es el registro de la imagen del cuerpo, fundamentalmente y de lo que se juega en la relación con los otros como semejantes, también es el registro por tanto de la agresividad y de las fantasías.
Lo simbólico es el universo del lenguaje, lo que se relaciona con la ley, con lo social, y que ordena y predomina sobre el registro imaginario.
Lo real, en el inicio de la enseñanza de Lacan lo podemos entender como lo que no puede representarse con imágenes y lo que no puede decirse con palabras, pero que tiene todo su lugar en nuestra subjetividad.
Es a través de la relación entre estos tres registros y estas tres pasiones que da cuenta de la entrada en análisis y de la transferencia.
Entonces, en la juntura, en la unión entre lo imaginario y lo simbólico, Lacan sitúa el amor, porque solo podemos hablar de amor allí donde existe relación simbólica, cuando hay las palabras de amor y las cartas de amor – que podemos entenderlas en su sentido más amplio, los wasaps pueden hacer esta función de carta de amor, de breve carta de amor, hay un estilo literario que se extendió en el siglo XVIII, que son las novelas epistolares, unos de las joyas de este tipo de literatura son Las cartas de la monja portuguesa, atribuidas a María Alcoforado, en las que en cinco cartas da cuenta de su experiencia amorosa y posterior abandono, con un militar francés, es decir que no es una mística, es del lado del amor carnal.
Lacan nos introduce ya en esta lección del seminario 1, a distinguir el amor como pasión imaginaria del amor como un don que se constituye en el plano simbólico, que apunta más allá del cautiverio imaginario. Sin la palabra, sin las letras, solo hay fascinación imaginaria, no amor. Y nos da una definición de lo que es amar: es amar a un ser más allá de lo que parece ser.
Creo que este es un matiz importante porque vivimos cautivados por el mundo virtual, que es predominantemente imaginario, y por donde hoy en día se juega, comienza la vida erótica, en el sentido de la vida amorosa de muchas personas.
Del odio ¿qué nos dice del odio en esta lección?
El odio lo sitúa entre la juntura de lo imaginario y lo real.
En este momento, dice: El odio no se satisface con la desaparición del adversario … en nuestro discurso cotidiano se reviste de muchos pretextos, encuentra racionalizaciones sumamente fáciles… Somos una civilización del odio. Esto lo dice en la clase del 7 de julio de 1954, a menos de diez años de la Segunda Guerra Mundial, pero hoy podríamos suscribir también si no una afirmación tan rotunda, personalmente me asusta una afirmación así, somos una civilización del odio y de muchas más cosas, pero es una idea que consuena con nuestra actualidad, hay los “odiadores” amateurs, los haters, hace unos años se puso de moda decir: “Odio el sabor a fresa”, por ejemplo, ligar la palabra odio a cualquier banalidad, parece que ya ha pasado esta moda, pero vemos una gran cantidad de fenómenos sociales que animan al odio; y podríamos decir que si el amor mueve montañas, el odio mueve montañas, ríos y mares…
La ignorancia la sitúa entre los simbólico y lo real, como os decía la posición del analizante es de entrada la del ignorante que quiere obtener un saber sobre su síntoma, sobre esto que le ocurre y no entiende, no tiene sentido para él, podemos pensar así lo real, lo que no tiene sentido para cada uno, y esta posición del ignorante que quiere saber es lo que pone en marcha una cura analítica, en las neurosis; en las psicosis habría que hacer otro planteamiento.
Voy a dar todavía una vuelta de tuerca más, solo para dejarlo introducido, estamos hablando de temas muy amplios, pero para indicar algún camino para su abordaje.
Jacques Alain Miller trató el tema del amor y del odio en una conferencia que dio en Bilbao, a principio de los años 90, que tituló “Sobre fenómenos de amor y odio en psicoanálisis”. Lo que pone de relieve Jacques Alain Miller en esta conferencia es que justamente a través de la experiencia analítica se han producido dos grandes descubrimientos sobre el amor, más bien sobre la lógica de la vida amorosa, el primero su carácter automático; el segundo, su carácter disimétrico.
Sobre el carácter automático del amor.
Cuando Freud explora el enamoramiento en el texto sobre el Narcisismo, llega a la conclusión de que hay una condición de amor, de que hay una condición subjetiva para la elección amorosa, Freud utiliza el término liebe, que tiene los dos valores: amor y deseo, porque estamos hablando del amor erótico, el amor ligado a las pulsiones sexuales, a Eros, a la pulsión de vida.
Y lo que desvela la experiencia analítica es que existe una fórmula del enamoramiento para cada sujeto, a veces, no llega a desvelarse nunca, pero es la que comanda en las elecciones de objeto de amor. Los divinos detalles.” Tiene un no sé qué”, “No se parece a nadie que conozca”, el objeto amado tiene el valor de lo único, de lo especial.
En este sentido el amor estaría marcado por una inercia fundamental.
Dejo introducida esta cuestión que nos abre al debate al amor como repetición o el amor como el encuentro con un azar, con una contingencia que es siempre de la sorpresa, de lo inesperado
El segundo carácter que pone de relieve Jacques Alain Miller es el amor disimétrico, porque en las relaciones amorosas están las dos posiciones: la del amado y la del amante, que lo habitual en las fases de enamoramiento estén compensadas estas dos posiciones, o sea que la admiración que se siente por el amado o por la amada, es compensada por la admiración que se recibe, pero la reflexión que introduce Miller en esta conferencia es poner en relación el amor con las estructuras clínicas, en la histeria vemos como busca provocar la falta en el Otro, porque esta es su vocación, busca que el Otro, el amado/la amada experimente su propia falta, porque su estructura la empuja a querer ocupar el lugar que obtura su falta. Cristina Pedroche decía de su marido: “Para ser perfecto le hacía falta que yo fuera su mujer”, resumiría muy bien este punto; entonces se despierta el odio en la histeria cuando el amado o la amada no está muy dispuesto a mostrar que está en falta, que es autosuficiente.
Del lado de la neurosis obsesiva, hay serias dificultades para reconocer que se está en falta, y despierta su agresividad, su odio, cuando percibe que el partenaire quiere que experimente su falta. Dice Miller: “cuando reconoce el poder de la amada entonces la odia”.
Bien, como suele decirse “Cada pareja es un mundo”, pero todos tenemos experiencias de parejas que ejemplifican muy bien lo de estar como el perro y el gato, en esta combinación de “odioenamoramiento”.
Podemos introducir ahora la ignorancia para hablar de la triada de las pasiones del ser en relación a la falta, cuando se hace evidente que no se quiere saber nada de la falta subjetiva o cuando se tiene la ilusión de que alguien puede llegar a completar a otro.
En la práctica analítica nos orientamos por el principio de la neutralidad analítica, es decir el analista no participa de esas pasiones: del amor, del odio y de la ignorancia; – por eso tantos años de diván para los psicoanalistas -; respecto de la ignorancia habría que hacer matizaciones, hay una vertiente en la que el analista no sabe, pero aquí en la vertiente el analista anima a querer saber sobre lo que le ocurre a la persona que llega a su consulta.
Respecto del amor y del odio es más claro, que es preciso abstenerse de estas pasiones en las curas y en los tratamientos; pero no solo los psicoanalistas, creo que las personas que ejercen profesiones en los que se crean vínculos transferenciales: Trabajadores y educadores sociales, maestros, médicos, en los que se ocupa cierta posición de saber es mejor estar advertidos de que el amor puede virar fácilmente en odio.
Concha Lechón
Las Palmas de Gran Canaria, 9 de octubre de 2023
Lectura de los poemas:
El odio, de Wislawa Szymbroska
Wislawa Szymborska
‘El odio’
«Miren qué buena condición sigue teniendo
qué bien se conserva
en nuestro siglo el odio.
Con qué ligereza vence los grandes obstáculos.
Qué fácil para él saltar, atrapar.
No es como otros sentimientos.
Es al mismo tiempo más viejo y más joven.
Él mismo crea las causas
que lo despiertan a la vida.
Si duerme, no es nunca un sueño eterno.
El insomnio no le quita la fuerza, se la da.
Con religión o sin ella,
lo importante es arrodillarse en la línea de salida.
Con patria o sin ella,
lo importante es arrancarse a correr.
Lo bueno y lo justo al principio.
Después ya agarra vuelo.
El odio. El odio.
Su rostro lo deforma un gesto
de éxtasis amoroso.
Ay, esos otros sentimientos,
debiluchos y torpes.
¿Desde cuándo la hermandad
puede contar con multitudes?
¿Alguna vez la compasión
llegó primero a la meta?
¿Cuántos seguidores arrastra tras de sí la incertidumbre?
Arrastra solo el odio, que sabe lo suyo.
Talentoso, inteligente, muy trabajador.
¿Hace falta decir cuantas canciones ha compuesto?
¿Cuántas páginas de la historia ha numerado?
¿Cuántas alfombras de gente ha extendido,
en cuántas plazas, en cuántos estadios?
No nos engañemos,
sabe crear belleza:
espléndidos resplandores en la negrura de la noche.
Estupendas humaredas en el amanecer rosado.
Difícil negarle patetismo a las ruinas
y cierto humor vulgar
a las columnas vigorosamente erectas entre ellas.
Es un maestro del contraste
entre el estruendo y el silencio,
entre la sangre roja y la blancura de la nieve.
Y ante todo, jamás le aburre
el motivo del torturador impecable
y su víctima deshonrada.
En todo momento, listo para nuevas tareas.
Si tiene que esperar, espera.
Dicen que es ciego. ¿Ciego?
Tiene el ojo certero del francotirador
Y solamente él mira hacia el futuro
con confianza.»
Lluvia, de Juan Gelman
Lluvia
hoy llueve mucho, mucho,
y pareciera que están lavando el mundo
mi vecino de al lado mira la lluvia
y piensa escribir una carta de amor/
una carta a la mujer que vive con él
y le cocina y le lava la ropa y hace el amor con él
y se parece a su sombra/
mi vecino nunca le dice palabras de amor a la
mujer/
entra a la casa por la ventana y no por la puerta/
por una puerta se entra a muchos sitios/
al trabajo, al cuartel, a la cárcel,
a todos los edificios del mundo/ pero no al mundo/
ni a una mujer/ni al alma/
es decir/a ese cajón o nave o lluvia que llamamos así/
como hoy/que llueve mucho/
y me cuesta escribir la palabra amor/
porque el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa/
y sólo el alma sabe dónde las dos se encuentran/
y cuándo/y cómo/
pero el alma qué puede explicar/
por eso mi vecino tiene tormentas en la boca/
palabras que naufragan/
palabras que no saben que hay sol porque nacen y
mueren la misma noche en que amó/
y dejan cartas en el pensamiento que él nunca
escribirá/
como el silencio que hay entre dos rosas/
o como yo/que escribo palabras para volver
a mi vecino que mira la lluvia/
a la lluvia/
a mi corazón desterrado/