Comienzos de análisis

ESFORZARSE POR LO SINGULAR
Concha Lechón
Acogemos en nuestras consultas, las más variadas manifestaciones del sufrimiento en relación al cuerpo, al pensamiento y al lazo social, en una época de búsqueda de soluciones rápidas y de expansión de la farmacología.
¿Cómo crear, entonces, las condiciones para que estos malestares adquieran el estatuto de un síntoma analítico?
Podemos tomar, en primer lugar, la comparación que nos aporta Freud del trayecto analítico con los dos tramos para realizar un viaje . En primer lugar preparamos la entrada en un análisis con una serie de entrevistas destinadas a valorar diversas cuestiones: la primera, orientarnos en el diagnóstico y para estimar el uso que se puede hacer de una experiencia analítica.
En segundo lugar, estamos atentos a las posibilidades de transformar las quejas, los sufrimientos, etc., en una demanda de acceder a un análisis, una experiencia de la palabra que tiene consecuencias.
Es el tiempo de apertura para permitirle a quien ha acudido a nosotros poner en cuestión sus valores, sus identificaciones, las elecciones que ha hecho hasta ese momento… lo que hacemos invitándolo a hablar: no será juzgado, no será aleccionado, escuchamos entonces con una atención flotante, justamente para poder extraer del discurso que traen un texto y poder escandirlo, puntuarlo… e introducir así una dimensión de las palabras y el lenguaje que transciende el valor de la comunicación. Así vamos a ese otro país lejano, en el que los equívocos, las repeticiones, las resonancias e incluso los neologismos nos conducirán a cómo cada cual habita el lenguaje. Es el tiempo de valorar la posibilidad de que quien ha venido a consultarnos pueda ser afectado por su propio decir, para estimar si puede dejarse alcanzar por la asociación libre que establece una nueva relación con las palabras.
Tiempo de apertura para poder acoger lo que es desconocido para el propio sujeto, momento decisivo para alojar el enigma que su malestar encierra.
Lacan hizo una aportación en su Alocución, titulada ”Solo vale la pena sudar por lo singular”, en la que pone en relación la transmisión de la regla fundamental con la responsabilidad del sujeto, dice así: “… el enunciado de la regla fundamental consiste en decirle, en hacerle notar, a una persona que viene a demandarles algo (…) que es necesario romperse un poco el lomo para hacer algo juntos…” . Es lo que introduce al analista en su función de partenaire, el que acompañará, el que seguirá al analizante por los vericuetos de su gramática pulsional, en sus idas y venidas del quehacer de la pulsión, articulando la transferencia con el deseo del analista, el cual no está exento de esclarecer su relación con el inconsciente y con el horror al saber.
Para que las palabras puedan tener consecuencias sobre el cuerpo, sobre el pensamiento, sobre el modo de relacionarse con los demás, habrá que producirse en un primer trayecto de la cura una reducción de lo imaginario para pasar de la queja a dar forma a lo que le ocurre.
“Es un franqueamiento”, en palabras de Jacques Alain Miller . Para poner en palabras los acontecimientos del pensamiento y del cuerpo, incluso la relación entre ambos, para darle la envoltura formal al síntoma que aloja un real, es necesario el despliegue de la cadena significante. Ésta es la paradoja inicial: para una reducción de lo imaginario debe de haber una amplificación de la cadena significante a fin de dar la oportunidad de que emerjan los equívocos, las repeticiones, las certezas, es decir, el material significante que orientará las curas. Esta operación de reducción, puede traer por añadidura efectos terapéuticos, nada desdeñables, que ocurren con frecuencia en los inicios de los análisis y que alivian al sujeto del pathos original. Hay pues esta transformación inicial con la que comienzan los análisis, mutación que requiere del consentimiento del analizante, retomo la cita de Jacques Lacan: “… romperse un poco el lomo para hacer algo juntos… la cosa no marchará si no se llega a lo que displace: hacer un esfuerzo” . Esforzarse para ir acercándose a lo que se rechazó, de lo que no se quiso saber nada, de lo reprimido en términos freudianos; para ello el analista ha de saber esperar, aguardar al momento preciso en el que calcule que la interpretación pueda tener efectos que provoquen rectificaciones subjetivas; dar cuenta de una entrada en análisis muestra el atravesamiento de este umbral en el que el analizante se ha desplazado de la posición con la que acudió: ha comenzado a atisbar que una satisfacción paradojal está en juego y está dispuesto a ponerse al trabajo.
Podríamos decir que es la orientación que tomamos cuando nuestra hipótesis es que estamos en el terreno de las neurosis. Ahora bien, cada vez con una mayor frecuencia recibimos en nuestras consultas -así lo indican las presentaciones de casos que realizamos- lo que consideramos psicosis ordinarias, término acuñado por Jacques Alain Miller, “coherente con la época del Otro que no existe” . Así se abrió el campo de investigación para las psicosis, lo que introdujo la renovación de una clínica ordenada por el nombre del padre o su forclusión.
En su última enseñanza con la introducción del sinthome “que es lo singular que hay en cada sujeto”, Lacan nos conduce a la búsqueda de lo singular de cada ser hablante que ha acudido a nosotros . Despejar la singularidad de la demanda en el inicio podrá orientarnos para acompañarlos en el segundo tramo del viaje.
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