¿Qué dice el Psicoanálisis?
Curso 2024 – 2025. La clínica psicoanalítica, hoy
PALABRAS DE AMOR
¿Qué dice el psicoanálisis del amor?
Se ha escrito y se ha dicho mucho sobre el amor en psicoanálisis y en la literatura y en todas las disciplinas que se refieren a los seres humanos, a los seres hablantes, como los llamamos en psicoanálisis, en palabras del poeta Schiller: “Hambre y amor mueven al mundo”, y diría que la mirada de Freud lo que introduce al considerarlo bajo la lupa del psicoanálisis es intentar dar cuenta qué experiencia subjetiva es el amor.
Primeramente Freud tomó el ejemplo del enamoramiento para construir uno de los pilares de la teoría analítica: el narcisismo, que es el tiempo 1 de la constitución de la subjetividad, es el momento en el que la pequeña criatura humana se reconoce al ver su imagen en el espejo y es una imagen que se asume con alegría, en este primer momento produce satisfacción reconocerse en la propia imagen, en términos freudianos hay una investidura libidinal hacia la propia imagen, pero si esta investidura libidinal queda estancada en la propia imagen se vuelve patógena, es así como explica lo que ocurre en las psicosis; entonces el yo para no enfermar ha de investir los objetos del mundo que le rodean y por objetos del mundo hay que entender también a las personas que lo rodean, más bien a los que le prodigan los cuidados, a nivel de la supervivencia, a nivel de la satisfacción de las necesidades vitales, lo que crea potentes lazos afectivos hacia las personas que nos animaron el cuerpo y nos dieron las palabras al inicio de la vida. Se puede entender así, el lazo de dependencia afectiva, amorosa, hacia quienes nos cuidaros.
Entonces, se sale del narcisismo por amor, pero como también nos advierte Freud en el “Malestar en la cultura” (1930), que es un texto de su última etapa, en el que plantea la imposibilidad de una felicidad completa y duradera, debido a que las tres fuentes principales que provocan nuestro sufrimiento son el cuerpo propio, porque enferma, porque no nos gusta, porque nos causa problemas…, las catástrofes naturales, desgraciadamente estamos teniendo esta experiencia en las poblaciones tan cercanas a Valencia y como tercera causa del sufrimiento ineliminable, los vínculos con los demás, con los otros seres hablantes: padres, parejas, hijos, compañeros de trabajo… y aunque muchas veces no sea el motivo de la demanda de una consulta, pronto o tarde va surgiendo, se va dando forma al lazo afectivo con el que cada cual tiende a relacionarse.
Primera paradoja, se sale del narcisismo, por amor, para no enfermar, pero, de todas formas, el amor tiene un lado sufriente, como también tiene un lado loco, un lado alegre … y son todos estas versatilidades de la vida amorosa las que van surgiendo en un trayecto analítico.
Entramos pues al amor, en la teoría analítica por el lado de la imagen, del registro de lo imaginario, pero ya en este primer texto de Freud, el de “Introducción al Narcisismo”, cuando introduce la base de lo que posteriormente estará en las elecciones amorosas distingue dos tipos:
.- el amor narcisista: se eligen a la pareja tomando como referencia a la propia imagen, en la entrevista a Jacques Alain Miller que os hemos propuesto en la bibliografía inicial, alude justamente al ejemplo de un señor de unos 50 años que recibe candidatas para un puesto de secretaria, llega una joven mujer de 20 años, y despierta en él un súbito enamoramiento, lo que descubre es que encontró en ella rasgos que le evocaban lo que él mismo era a los 20 años, cuando se presentó a su primera solicitud de trabajo.
El ejemplo de una mujer que al preguntarle qué le gustó de su marido: los dos jugábamos al baloncesto.
Y tenemos otro tipo de elección amorosa, que también tiene sus orígenes en la primera infancia, que Freud llama anaclítico, que es un término que introduce Freud, que inventa Freud, para designar el lazo primigenio del lactante con la madre, o con quien haga las funciones, también usa los términos de “apuntalamiento” o “apoyo”, para designar las vías de elección hacia las figuras de la madre nutricia o el padre protector, es decir, un Otro del cual se depende, con esta distinción se introduce una diferencia entre lo mismo y lo Otro.
La salida de la etapa del narcisismo está también indicada cuando se instaura en esta primera infancia la función del Ideal del yo, cuando se abre una cierta hiancia entre lo que uno es y lo que a uno le gustaría ser… le gustaría ser como su padre, como su médica, como su prima mayor… estas figuras ideales para cada quien, son el tronco de las primeras identificaciones y son la brújula de las elecciones amorosas.
Asumir este Ideal, poder asumir las identificaciones simbólicas, implica asumir la experiencia de una falta subjetiva, algo falta en mí que voy a buscarlo en el Otro, por decirlo de un modo sencillo.
Jacques Lacan hará una cuestión central de la asunción de la falta subjetiva para que haya la posibilidad del amor. Me dirijo a un Otro porque algo me falta, pero de este Otro primordial: la madre o la pareja parental y todas las figuras que vienen a ocupar estos lugares y con los que se establecen lazos afectivos, tiene dos caras, dos lados:
El Otro que tiene y que da: el alimento y el apellido, por resumir, el Otro que tiene y que da, que satisface las necesidades básicas. Lacan da una gran importancia a la cuestión del don, del regalo, que eleva el objeto a otra categoría, un regalo lleva implícito lo amoroso, y en especial, considera el don más preciado: las palabras de amor.
Introduzco así el otro lado de este Otro primordial, que es el lado del Otro que no tiene, es uno de los grandes aportes que hizo Lacan, al leer la figura de este gran Otro primordial, que en Freud, es la madre, a quien también algo le falta. Y es este lado del Otro, como el que no tiene donde se puede alojar, propiamente, la dimensión del amor.
Lacan hace también una relectura de “Introducción al Narcisismo” y que encontramos también en el mito griego sobre el nacimiento de Eros, hijo de Poros y Penia, recogido en el “Banquete” de Platón. El Olimpo está de fiesta, los dioses están celebrando el nacimiento de Afrodita, la diosa del amor, corre abundante néctar por la copas, y terminando el festín, aparece la escuálida y andrajosa Penia, que representa la pobreza, a mendigar los restos. Poros, dios de la Abundancia, se retira a dormir, embriagado, y Penia que lo ve toma en ese instante la decisión de tener un hijo con él, y así ocurre, lo abraza, lo despierta y concibe el hijo deseado. Me sirvió mucho conocer este mito, que Jacques Alain Miller relata en sus conferencias sobre “Lógicas de la vida amorosa” para entender que la noción de amor que propone Jacques Lacan es un amor que tiene en cuenta la contingencia, el azar, en la que se pone de manifiesto que el amor es un modo de dirigirse a la falta del Otro, por eso el papel fundamental de las palabras de amor y de las cartas de amor, que han jugado un papel fundamental en la civilizaciones, tanto en la occidental como en lo poco que conozco de la oriental, las demás las desconozco, pero apostaría que es inherente a la cultura de los seres hablantes; creo que la forma que toma hoy en día es sobre todo en los wasaps, que hay todo un código de las formas, de los tiempos de respuesta…
Quedaría por introducir, la dimensión de la pulsión, de la satisfacción pulsional implicada en la vida erótica, el punto de partida lo pueden encontrar en “Tres ensayos de sexualidad infantil”, en el que Freud va a indagar en las raíces de lo que ocurre con las pulsiones sexuales. Lo que encuentra es que la pulsión no puede satisfacerse plenamente en un objeto sexual, hay una parte de la pulsión que queda ligada al autoerotismo y otra que se satisface en su desviación de la meta sexual, por la vía de la sublimación. En este sentido se puede entender que el amor es una sublimación.
Ahora bien, en este texto pone de relieve, el componente autoerótico de la pulsión, que hace obstáculo al vínculo amoroso, porque hay una parte de la pulsión que se satisface “sola”, autoeróticamente.
Quería pues dejar introducidas las mimbres en las que se juega el amor: el deseo, la demanda y la pulsión, cuya articulación ha de inventarse cada vez, pues no hay fórmulas para resolver esta ecuación.
Podemos avanzar para el coloquio que, si algo ha cambiado en este siglo XXI, es la estructura y el concepto mismo de la familia, no solamente en sus modalidades: monoparentales, enlazadas, padres de los colectivos LGTBIQ+… si no también en la duración temporal de las familias, que también es cambiante. Mi idea es que lo que conocemos como vida líquida, o amor líquido, gracias a Zigmunt Bauman; estos lazos lábiles, cambiantes, fluidos en las elecciones amorosas actuales; son correlativos a los modos de familias también cambiantes tanto en la forma como en la duración, a la vez que no son tan potentes las identificaciones simbólicas.
Diría también que una de las características del momento actual es la presencia de lo virtual en nuestros modos de vida que ha organizado de una manera inédita hasta ahora los vínculos sociales, y por supuesto amorosos, es evidente su enorme influencia en las formas actuales de encontrar y elegir nuevos partenaires amorosos.
En una magnífica entrevista de Eric Laurent, que le realizaron en 2017, titulada: “Gozar de Internet”, que se encuentra fácilmente en Internet, en la que transmite que la pantalla virtual responde: “a la implacable ley del espejo en que cada uno se hace rana y se infla creyéndose que es uno en su pasión narcisista.” Podemos entender así la adicción que crean, a veces, casi, hipnóticas, las pantallas, y Eric Laurent, lo extiende también al wasap, a las redes sociales, apuntando a la demasiada presencia del Otro de la civilización.
Me encontré en Facebook una foto en la que en un muro había una pintada, en la que, parafraseando a El principito, ponía: “Lo esencial es invisible a la pantalla del móvil.”
Son muchos los usos que se hacen del mundo virtual darían para un Congreso, pero sí que quisiera dejar planteados cómo la relación con lo virtual tiene al menos estos dos polos: puede encerrar al ser hablante en su burbuja y puede proporcionarle un vínculo social, sin presencia, lo que está siendo una manera habitual de vínculo con los otros, que hay que considerar también.
Para finalizar mi intervención, quería dejar planteado que un trabajo analítico puede dar lugar al encuentro con lo inesperado, con lo que apela a lo nuevo, a lo que aún está por decir y a lo que aún está por escribir.
Concha Lechón
19 de diciembre de 2024
Centre Cultural 9 d´octubre